Pollo: cada “maestro” tiene su librito

Hay ocasiones en que hasta un desconocido nos puede ayudar a solucionar problemas sencillos en esencia, pero que nos parecen insolubles. Prueba a buscar una receta diferente para preparar el pollo y verás.


Si tienes interés en encontrar nuevas formas de preparar el pollo, comenta en una cola, en una ‘gazzella’ o en el agro, que ya no sabes cómo hacerlo. Nadie permanecerá indiferente y todos querrán demostrar que en esa materia son como el carnicero de Juan Formell: bárbaros, cancha.

Entonces, emocionada por tantos aportes del día a día doméstico, tendrás que dar un orden lógico para ir sumando todas las experiencias. En mi caso particular, pretendo compartir mis vivencias contigo y si te resultan útiles para el próximo menú y los días sucesivos hasta el fin de año, me sentiré muy complacida.

Algo debes tener en cuenta: muchas veces los intentos renovadores fallan, al no saber combinar sabores, ni sustituir ingredientes. Recuerda que la cocina es un arte y, como decía la famosa chef norteamericana Barbara Heine Costikyan, la cocina “es un lenguaje mediante el cual se puede expresar armonía, creatividad, felicidad, belleza, poesía, complejidad, magia, humor, provocación, cultura…”.

Si lo asumes de esa manera, hasta las recetas que te proporcionen esos interlocutores de ocasión tendrán un cambio porque les imprimirás el sello de tu gusto y tu creatividad. ¡Siiiiiii! Porque la cocina es un constante ir y venir en materia de creatividad.

No sé si llamarles empoderadas, creativas, mujeres de gran iniciativa culinaria o sencillamente artistas. Todas cocinan a ojo de buen cubero, a su manera, pero han brindado aportes significativos. Comenzamos con María Victoria, o mejor, Chiqui. Asegura que como mejor se come el pollo en su casa es en palitos empanizados:

“Cuando lo hago, tengo que preparar bastante, porque gusta mucho”.

— ¿Cuál es tu secreto?

—Pienso que es la manera de presentarlo, y el sabor, porque es delicioso.

—Entones, a cocinar…

La fórmula de Chiqui

Ya dijimos que es como lo hace en  casa, a su manera. Y así será en todas las experiencias que mis amigas y yo quisimos compartir.

Selecciona las piezas de pollo, deshuésalo, córtalo en palitos de poco más de un dedo de grosor y unos ocho –más o menos- centímetros de alto. Colócalos en una bandeja y agrégales ajo, cebolla, comino, orégano, naranja agria (en su defecto, vinagre al gusto), un poquitico de pimienta y sal. Déjalo reposar en ese aliño, como mínimo, una hora. Al momento de comerlas empanízalas con harina de maíz muy fina –en estos momentos en los mercados agropecuarios están vendiendo bolsas de diferentes tamaños- y fríelas en aceite bien caliente.

Si tienes pan rallado, perfecto, pero la harina de maíz es una opción. Los puedes acompañar con alguna salsa, mostaza, tomate o, sencillamente, comerlos solos.

Lo más importante es que cada uno de los ingredientes existe.

A Erenia y a ‘Oro’ les gusta el pollo ripiado

Ella asegura que esta es la variante más cercana al fricasé, pero sin huesos, ni pellejos, ni cartílagos. “Tiene una salsita deliciosa para acompañar al arroz blanco y logras ‘estirar’ un poco más la carne.

“¿Cómo lo hago? Hiervo el pollo, pero no tanto que la carne pierda consistencia. Cuando se enfría un poco, la separo de los huesos y la limpio bien. Preparo un sofrito con ajo, cebolla, ají, comino, orégano, laurel, un poquito de vinagre; una cucharada de puré de tomate –si tengo-, un poquito de ralladura de cúrcuma que, además de color, le impregna un delicioso sabor, y un poquito de vino seco, que le da el toque definitivo.

“Lo revuelvo bien para que se unan todos esos ingredientes, lo pongo a fuego lento en una cazuela bien tapada, hasta que esté listo para servir.

“Así se puede comer perfectamente, pero, a veces, es factible adicionarle habichuela, cuadritos de zanahoria, acelga bien picadita, col u otro vegetal o verdura. De cualquier manera, va a ser una forma deliciosa de hacer el pollo. A ‘Oro’ y a mí nos gusta mucho”.

La tartera esmaltada de Mary

“Mi tartera es mágica. A mi modo de ver le proporciona un sabor especial al pollo. En ella cocino como lo hacemos todas las amas de casa, a nuestra manera. Por eso, le coloco las piezas de pollo según la cantidad de comensales”, dice María Victoria Valdés Rodda, una colega que, a su talento, suma el de ‘colársele’ a la cocina.

Asegura que ella no usa el comino, pero se las agencia para que la carne de ave quede igualmente sabrosa. Es un condimento bastante usado en Cuba, pero no lo incluye en sus ingredientes.

“¿Cómo lo preparo? Pongo en la tartera las postas de pollo, sin quitarle el pellejo, para proteger la masa mientras se cocina al horno. Aclaro que no lo descongelo. Entonces, le agrego ajo, cebolla, ají pimiento, pimienta negra y una cantidad de sal adecuada para que no atente contra la tensión arterial. También le añado una cucharadita de aceite y vinagre al gusto.

“Lo coloco en el horno sin un tiempo establecido. Lo miro de vez en cuando para tratar de que el aliño esté parejo y la carne no quede tan seca, sino más bien jugosa, aunque doradita. Cuando  está listo –generalmente, el olor así lo indica- lo sirvo con alguna vianda hervida, como el boniato, y una ensalada mixta, que puede ser de col y tomate. Esta forma de hacer el pollo es una delicia; te invito a probarla”.

Para Vivian el secreto está en aliñarlo con vinagre

Después de probar todas las variantes posibles, Vivian Bustamante, vecina de la zona 11 de Amalar, descubrió que aliñar el pollo con vinagre y sal solos, antes de cocinarlo, le da un toque diferente.

Toma una olla de presión, le echa una cucharada de aceite y, cuando está caliente, coloca las postas de pollo para que se doren por ambos lados. Logrado esto, “le adiciono ajo, cebolla, comino, orégano, laurel, puré de tomate, una cucharadita de azúcar y un poquito de vino seco. Es una suerte de todo mezclado, que también asimila alguna zanahoria cortada en cuadritos.

“Le coloco la tapa y lo dejo cocinar durante cinco minutos, a partir de que comienza a pitar la válvula. La bajo del fuego y le quito la tapa. La vuelvo a colocar a fuego lento para que la salsa se espese y sea un buen acompañante del arroz blanco.

“Esta es una de las formas de hacer el pollo que más gusta en casa”.

Asado y con hojas de guayaba

En lo personal, no soy amante del pollo; nunca me ha gustado tanto como a otras personas. Una de las formas que acostumbraba a hacerlo era en croquetas, pero como ahora no abundan la harina de trigo ni el pan rallado, empecé a buscar alternativas que me permitieran una forma deliciosa de prepararlo, con los ingredientes a mi alcance. Y encontré la solución en asarlo al horno, con hojas de guayaba por encima.

Tomo las piezas de pollo, les quito el pellejo y toda la grasa. Pincho la masa con el cuchillo para que el aliño entre en esa carne. Le pongo ajo, comino, orégano y naranja agria (en su defecto, vinagre al gusto) y sal. Lo dejo en ese adobo, como mínimo una hora.

Engraso la bandeja del horno con aceite y coloco el pollo. Lo pongo a asar y, cuando comienza a soltar el jugo, le pongo ramitas de guayaba por encima y lo voy volteando para que se dore por ambos lados y siempre cuidando  que las hojas se mantengan arriba. Una vez asado, retiro las ramitas de guayaba y coloco el pollo en un plato grande o bandeja.

Es una forma muy sabrosa de variar el sabor del pollo.

¡Atención! Si consideras que tu forma de preparar el pollo tiene un toque diferente y nos puede ayudar a variar el menú. Por favor, envíala a esta sección y la socializaremos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

55 − 45 =