Nuevo por varias razones

No solo por el mero hecho de comenzar este 4 de septiembre resulta nuevo este curso escolar. Son múltiples las razones que le confieren un carácter inédito a este naciente período lectivo, en el cual concluirá el tránsito de la educación emergente que pudimos tener durante y después de la COVID-19, al normal desenvolvimiento del tiempo de clases que teníamos antes de la pandemia.

Pero la novedad de este curso no solo la determina su estructura y duración, sino también las propias condiciones económicas y sociales en las que transcurrirá.

En tal sentido este próximo capítulo de la enseñanza en Cuba planteará obstáculos y también oportunidades como mínimo en tres niveles principales: para el propio sistema educativo y sus profesionales, para las familias cubanas, y para niñas, niños, adolescentes y jóvenes en edad escolar.

El problema fundamental que las autoridades de Educación han identificado constituye, sin duda, el déficit de docentes, sobre todo en las provincias centrales y occidentales, específicamente en seis territorios, La Habana entre ellos.

Las respuestas previstas para esa situación son un buen ejemplo de debilidades que pudieran resultar en oportunidades. La idea de ampliar incentivos como los contratos por hora y poner más tiempo frente al aula a directivos del sector con una remuneración por esa carga adicional, contribuirá a mejorar los ingresos de profesionales jubilados y en activo, que mucha falta les hace.

La incorporación a la docencia de estudiantes de los años finales de las especialidades pedagógicas y también de otras universidades, e incluso la posibilidad de contar con el apoyo en tareas auxiliares de jóvenes que tengan la carrera de magisterio ya otorgada, son variantes provechosas para la escuela y para sus posibles protagonistas, aunque requieren de un seguimiento metodológico y formativo muy estrecho por parte del profesorado de experiencia.

En ese contexto resulta esencial la prioridad que el Sindicato le está dando a la revisión de las condiciones laborales de sus afiliados, para junto con las direcciones administrativas garantizar el cumplimiento de los Convenios Colectivos de Trabajo. Temas como el salario a tiempo, la estimulación y el reconocimiento a los mejores trabajadores, y las facilidades que puedan gestionarse en los territorios para quienes tienen que centrarse en el aula y no en las colas, tienen que ser prioridad de la exigencia sindical.

Apunta además como lo más innovador de la próxima etapa el inicio de una transformación en el vínculo indisoluble que tiene que existir entre la educación básica y la universitaria, tal y como lo explicó la Ministra de Educación la pasada semana en la Mesa Redonda.

Para nadie es un secreto que el estudiantado que hoy arriba a las universidades arrastra en muchos casos lagunas notables en sus conocimientos y cultura general, lo cual incluye escasas aptitudes para el estudio independiente y la investigación, carencias que no siempre pueden resolverse ya en ese nivel de enseñanza.

El objetivo de hacer más coherente ambos sistemas educativos rebasa entonces el rescate de la continuidad natural de sus períodos lectivos —lo cual también se resolverá en este curso—, para abarcar toda una transformación en el modo de formar a profesionales de las carreras pedagógicas y de otras universidades, en función de lograr un aprendizaje más problematizador y analítico, desde la primaria hasta el preuniversitario y la enseñanza técnica.

Para cada hogar el curso también implicará tensiones tremendas, en medio de las urgencias económicas, por la escasez y la inflación, que golpean más a quienes tienen infantes y adolescentes en casa.

Al costo de implementos como las mochilas y otros artículos, o el dilema del calzado y la alimentación, ahora se suman dificultades con la base material de estudio, libros, cuadernos y libretas, que conllevarán sacrificios adicionales para las familias. Eso no se puede desconocer y hay que insistir para su alivio en lo posible.

La tarea esencial entonces para infantes y adolescentes es estudiar cada día más. Aquilatar y corresponder a ese enorme esfuerzo de sus padres, abuelos o tutores, así como del Estado y del Gobierno, para que —como cada septiembre— las escuelas abran, y ningún estudiante quede sin la oportunidad de crecer intelectual y espiritualmente. Niñas, niños, adolescentes y jóvenes lo merecen y tendrán un curso siempre nuevo en expectativas y emociones. (Por: Francisco Rodríguez Cruz/Trabajadores)

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