Esculturas de arena para Alayo y Noslen

Noslen Díaz se levantó sobre la net y cuando soltó el remate que podía haberle dado el empate a Cuba (14-14) con la fortísima dupla de Brasil (Andre Loyola y George Sauto) en el tiek break, la bola se fue larga.

Hacía 10 grados de temperatura ambiente, pero en la cancha del voleibol de playa de estos XIX Juegos Panamericanos se asumía un calor deportivo del bueno, el de ganar o perder con las tres C, el punto a punto de una reñida definición.

Apenas Noslen cayó sobre la arena, el llanto se apoderó de sus recuerdos. Estaba abatido. Lo venció la inexperiencia. Su compañero Jorge Luis Alayo demoró más de un minuto para levantarlo. Mientras la dupla brasileña, también en la arena, festejaban un oro que les tembló por momentos ante unos antillanos que les vencieron en la clasificatoria y estuvieron a punto de hacerlo por segunda ocasión este viernes (21-12, 19-21 Y 15-13)

Cualquier intento narrativo se quedaría corto para sentir lo vivido en poco más de una hora que duró el encuentro. En el primer parcial un solo equipo parecía dominar: Brasil. Noslen no se encontraba con su ataque inteligente y la defensa de campo más fiel.

Alayo, capitán y amigo, no solo se percató de eso, sino también de la necesaria y rápida reacción que había que conseguir si querían imitar 20 años después el único oro de Cuba en esta modalidad, conquistado allá por el año 2003 con Francisco Álvarez y Juan Rossell.

Y ocurrió. Punto a punto, la pareja antillana creció en el segundo set y se ganó al público. Alayo, con su rutina para sacar (se pone de espaldas al terreno, mira a los aficionados y toma un plus de oxigeno), Noslen con más confianza para marcar puntos decisivos hizo emparejar el set a 18. Finalmente Cuba llegó a 21 y la mesa quedó servida para el rompecorazones del voli de playa, como dijera el amigo y excelente narrador, René Navarro.

La noche seguía fría, casi congelada para quienes no estamos acostumbrados. Pero había que ser arriesgado y dejarlo todo sobre la arena. Por eso remontaron una pizarra adversa por 3 puntos en el tercer parcial y sellaron un abrazo a once cartones. Quedaban cuatro puntos para la corona y desgraciadamente los nervios traicionaron. Alayo erró un bloqueo y Noslen remató largo. Y la película se completó. Por tercera ocasión de las siete versiones que ha tenido este deporte, los reyes son brasileños.

En medio de la locura que implica haber alcanzado una plata tan electrizante (quizás sea de las preseas que más se recordará de estos Juegos), los voleibolistas tuvieron tiempo para agradecer a todo su cuerpo técnico y a sus familiares. “Esto nos hace más fuertes y desde ya estamos pensando en empeños superiores”, dijo con la serenidad de los capitanes Alayo.

Quizás lo que ellos no repararon es que con el espectáculo brindado, pueden sentirse dueños de cualquier esperanza. Habían cedido nada menos que frente a la quinta pareja del ranking mundial, a la que pudieron dominar en la preliminar.

“Arriba que esto empieza ahora”, les vociferaon a los cubanos cuando pasaban a la zona mixta.

Y me pareció entonces ver levantadas en medio de la cancha, dos esculturas de arena, al estilo brasileño más verídico, echas a mano y con los rostros de los cubanos. ¡Se las merecen con ganas, aunque el cronista las haya preferido para su título!

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