Twitter: El poder de la censura

Más que meros sitios para el entretenimiento mediante chats con personas de cualquier rincón del planeta, ver memes o simplemente compartir momentos felices de nuestras vidas, las redes sociales o social media devienen potentes herramientas mediáticas para la difusión de información que, gracias a la preferencia que a ellas manifiestan los usuarios y a la evidente inmediatez con que diseminan sus contenidos, convierten a Internet en el más popular medio de comunicación de nuestros tiempos.

Originadas gracias al sitio web classmates.com, creado en 1995 por el ingeniero Randy Conrads para recuperar y mantener el contacto con antiguos compañeros de escuela, instituto y universidad, desde Sixdegrees.com, la primera red social identificada como tal y nacida en 1997 en los Estados Unidos, el progreso tecnológico ha condicionado el surgimiento de un sinnúmero de redes sociales entre las que Facebook, Twitter, TikTok, Instagram, Telegram, LinkedIn, Pinterest y YouTube se hallan entre las más conocidas.

Y, con las múltiples posibilidades que estas nos ofrecen, han proporcionado nuevos y efectivos instrumentos de comunicación, investigación, información y contacto con las que los periodistas de antes no contaban.

Cuba, uno de los países más recientemente incorporados a su empleo, ha encontrado en ellas, además de espacios para materializar las prestaciones antes mencionadas, el principal y más activo sitio para mostrar la realidad y cotidianidad de su pueblo revolucionario y combatir enérgicamente las mentiras, tergiversaciones, calumnias y tentativas de violencia contrarrevolucionarias que a través de ellas también son delineadas.

Precisamente, las minuciosas campañas de desprestigio mediático de las que Cuba sigue siendo víctima han incrementado, gracias a las redes sociales, la eficacia de sus efectos. En este caso Twitter, con un amplio historial en la suspensión y restricción de cuentas por razones dizque desconocidas, se sumó a las argucias contrarrevolucionarias por silenciar la voz de los medios cubanos con la censura y la estigmatización de estos como sus principales estrategias.

Recientemente la plataforma del ave azul identificó a disímiles medios de la Isla con la marca “Medios afiliados al gobierno, Cuba”, la cual aunque para muchos representa unaratificación de su vínculo con las máximas autoridades de la nación, en la práctica significa que el alcance y la visibilidad de los contenidos compartidos por las cuentas o publicaciones de Granma,Cubadebate, Radio Rebelde, Radio Habana Cuba, TV Cubana, Trabajadores, Juventud Rebelde y Canal Caribe, entre muchas otras, se verá limitado y menguado puesto que la red no los recomendará ni amplificará entre los internautas que a ellas acceden.

Igualmente inhabilitó las cuentas de los populares programas televisivos Con Filo y Cuadrando la Caja, así como del proyecto Cuba Joven. Esta ola de cancelaciones se suma a la larga lista en que destacan las más de 900 cuentas de los Joven Club de Computación suspendidas indefinidamente el 8 de enero de 2013 mientras rememoraban la entrada triunfal que 54 años antes protagonizara la Caravana de la Libertad en La Habana; o cuando la cuenta de Cubadebate fuera bloqueada por supuesta “actividad inusual” mientras daba cobertura periodística al siniestro aéreo acaecido el 18 de mayo de 2018 en la capital; o, más recientemente, cuando en instantes previos a la emisión de una Mesa Redonda con la comparecencia del Presidente, disímiles medios de comunicación nacionales, periodistas y personalidades fueron inesperada y simultáneamente acallados por la plataforma.

El sitio web Cubaperiodistas se sumó al amplio número de detractores de esta estratagema de Twitter para, como les explicó Edilberto Carmona, gestor en los perfiles en redes sociales de Cubadebate, “clasificar a los medios que ellos consideran ‘democráticos’, e influir en la opinión pública desde sus posiciones de poder”, evidenciando entonces que “informar desde un punto de vista alternativo al orden geopolítico occidental es vigilado y censurado”, algo de lo que no son víctimas las denominadas “organizaciones de medios financiados por el Estado con independencia editorial, como por ejemplo la BBC de Reino Unido o la NPR de los Estados Unidos que, por reunir esta condición, no entran en la categoría de medios afiliados al Estado para los efectos de esta política. 

“Twitter es un servicio abierto que alberga un mundo donde existen todo tipo de personas, ideas e información”. Desgraciadamente la sarcástica connotación del mensaje con que la plataforma se presenta a los usuarios manifiesta entonces que la supuesta supremacía que vociferan las redes sociales en torno a las bondades que ofrecen en materia de democracia, libertad de expresión, pensamiento y alcance, queda echada por tierra cuando, en realidad, el verdadero dominio lo tiene el poder político al que estas se subordinan.

 

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