Raquel Pérez Cano y toda una vida consagrada al magisterio (+audio)

Raquel Pérez Cano ha consagrado su vida al magisterio. Llegar a este mundo es algo que hizo por amor, y no solo hablo del amor a la profesión sino también a su familia, pues desde muy pequeña comprendió que debía formarse para trabajar y ayudar económicamente a su madre pues los tiempos eran difíciles, cinco hermanos y un padre que había fallecido siendo ella una niña.

Eso a tan corta edad, solo habla de la calidad humana de una mujer, que a lo largo de los años ha sabido emprender cada labor encomendada y superar los retos más difíciles. A su historia de vida nos acerca Raquel en la siguiente entrevista.

¿Cómo fueron sus inicios en el magisterio?

Desde muy niña, cuando estuve en la enseñanza primaria, siempre quise ser maestra, quizás por el ejemplo de los buenos maestros que tuve en esta etapa de mi vida. Ingresé en la formadora en el año 1974, estudiando primero en la Escuela Militar Camilo Cienfuegos de Matanzas y después en la Escuela Formadora de Maestros René Fraga Moreno, como parte de su inauguración, lo que fue un orgullo para mí. En este periodo me desempeño como presidenta de la Feem, como miembro del Consejo Provincial de la Feem, y además fui miembro del Comité Municipal de la UJC en Matanzas. Una vez concluido los estudios en la formadora, conversaron con nosotros para que viniéramos a dar clases a la enseñanza secundaria por un déficit de maestros que existía, y una buena parte de los que nos graduamos, decidimos venir para el Plan de Escuelas en el Campo en Jagüey Grande, donde inicio en 1979 en la ESBEC Andrés Olano Álvarez, como profesora de Cívica.

Durante 43 años de experiencia, ¿qué labores ha desarrollado Raquel?

Desempeñándome como profesora de Cívica en la ESBEC Andrés Olano Álvarez, al cabo de un curso y medio, asumo la subdirección docente y posteriormente la dirección del centro. Posteriormente pasé a trabajar a la República Popular de Albania, durante seis cursos como directora y al cerrar ese centro me traslado a la ESBEC Giraldo Díaz. Después trabajo en la ESBEC Antonio de Jesús González, primero como jefa de departamento y luego como directora. En el 2005, fui seleccionada para dirigir una de las escuelas latinoamericanas que se iban a inaugurar en el municipio, donde atendí desde su construcción al centro Secundino Cabrera, escuela que se dedica a la formación de trabajadores sociales y posteriormente a la formación en medicina de estudiantes latinoamericanos. A continuación me trasladaron para la escuela José Martín Sánchez, que también era de trabajadores sociales, y de ahí, cumplo misión internacionalista en Venezuela, desde 2008 hasta al 2010, frente a la asesoría de la formación de trabajadores sociales en ese país. Concluida la misión, de regreso a Cuba, me incorporo al Centro Universitario Municipal Enrique Rodríguez Loeches, de Jagüey Grande, y partir del mes de marzo del 2011, asumo la dirección del CUM. Una tarea totalmente nueva para mí, porque venía del sistema de educación, y ahora me enfrentaba a la educación superior, lo que me llevó a investigar y estudiar para poder enfrentar la tarea, proceso en el que conté con el apoyo de todos los compañeros que allí trabajaban. Aquí realicé los ejercicios docentes para recibir la categorización de profesor auxiliar y he impartido docencia tanto en el pregrado como en el posgrado.

En su trayectoria ha tenido que asumir en disímiles ocasiones la dirección y estar al frente de un colectivo de trabajadores, ¿cómo ha sido su experiencia en este sentido?

Bueno, eso siempre es difícil, porque al trabajar con personas, existe diversidad de criterios, de cualidades y de formas de ser que influyen en la dirección, pero el haber cursado mi maestría en Administración de Empresas, mención Dirección, ha colaborado y me ha ayudado muchísimo a usar métodos y estilos de dirección que sean participativos y tener en cuenta el criterio de las personas, para poder tener resultados en la organización. Considero que como toda persona tengo defectos, pero pienso que esa empatía de ponerme en el lugar del otro, de comprender al otro y de tomar las decisiones cuando corresponde, es lo que ha contribuido a que durante tantos años haya podido asumir la dirección.

¿Podría compartir algún momento significativo?

Cuando hicimos la primera graduación de los trabajadores sociales venezolanos, en el Teatro Carlos Marx, a los directores nos dieron la posición para sentarnos, a mí me tocó una silla por delante de la del Comandante en Jefe, momento muy impresionante para mí, al tener tan cerca a Fidel, pero también al salir de la graduación, uno de los que era de la guardia personal del Comandante, se quedó y cuando terminamos me dice Profe, había sido mi alumno aquí en Jagüey Grande, y realmente esas son cuestiones que nunca se te van a olvidar.

¿Qué importancia le concede a la superación constante de los educadores?

Si usted decide ser maestro, debe entender que la superación debe ser constante, máxime cuando es un profesor aniversario, que exige una preparación sistemática y acorde con los momentos que vive el país. Si te quedas sin estudiar, sin descargar artículos, sin tener diferentes opiniones, sin consultar a diferentes actores, nunca vas a estar actualizado, y eso, no tiene nada que ver con un profesor universitario. Por tanto, estar preparado es una muestra de respeto hacia los alumnos, hacia esas personas que asisten a un posgrado o a un curso que impartes.

En su  trayectoria, ¿qué reconocimientos ha recibido?

La Distinción por la Educación Cubana, el Premio Especial del Ministro de Educación, la Medalla Rafael María de Mendive,  la Medalla Frank País de Segundo Grado y la Medalla 23 de Agosto, que otorga la FMC.

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Raquel Pérez Cano es natural de Matanzas, pero desde muy joven llegó al municipio de Jagüey Grande para impartir clases en el Plan de Escuelas en el Campo, y desde entonces, ha consagrado su vida a la educación en este territorio.


 

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