Jagüey Grande, Cuba. – El 15 de enero de 1848, en el corazón de La Habana, abrió sus puertas el Colegio El Salvador, obra cumbre del ilustre pedagogo cubano José de la Luz y Caballero.
Aquel hecho representó mucho más que la inauguración de un centro de estudios: fue el nacimiento de una nueva concepción de la educación, basada en la formación moral, la independencia del pensamiento y el amor a la verdad.
Luz y Caballero, considerado uno de los pilares de la pedagogía cubana, concibió el colegio como un espacio donde la enseñanza no se limitara a los libros, sino que formara ciudadanos íntegros, con conciencia cívica y sentido de justicia.
En una época dominada por la subordinación colonial, su proyecto educativo fue profundamente revolucionario: enseñaba a pensar, a actuar con ética, y a sentir a Cuba como patria.
El Salvador se convirtió en una cantera de talentos y en un modelo para generaciones de educadores. Por sus aulas pasaron figuras que marcarían la historia intelectual y política de la nación, porque: “Instruir puede cualquiera, educar, solo quien sea un evangelio vivo.”